martes, 14 de enero de 2014

Un diario en blanco.

Siempre me han parecido ridículos los propósitos de año nuevo. Promesas que nos hacemos a nosotros mismos porque en el fondo lo necesitamos, es ese aliento esperanzador. Es como una forma de decirnos "Tio, este año va a ser diferente", contagiados por un falso espíritu navideño.

Por alguna razón este año yo también me hice alguna que otra promesa, pero con la intención de cumplirla desde el día 1. De estos propósitos el que más ilusión me hacía era empezar a escribir un diario. No contando lo que me ha pasado ese día como si fuese una biografía, pero sí me gustaría sentarme a mirarlo media hora todas las noches y escribir o dibujar algo, dejar un trocito de mi en tinta y papel solo para mi deleite personal.

Aun no hay nada escrito en ese diario. Yo digo que es porque soy un vago aunque en realidad no me veo capaz de hacer un diario que no sea un diario. Quizá solo haya sido una estúpida ambición, como tantas otras...

Día 1:
En blanco.

Día 2:
En blanco.

Día a día:
Soy el blanco.

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