Y es que tu fuiste el sol que me calentó por las mañanas, el mismo que hacia bonitos los atardeceres. Eras la luna que iluminaba mi oscuridad y las estrellas que me hacían perder la cuenta.
tenias el cosmos en tu espalda esquematizado con lunares que pisaron unos locos algún día.
¿A quién no vas a volver loco en el espacio de tu pecho si ese silencio haría dudar de su cordura a cualquiera? Bueno, a cualquiera que no pueda oír tu corazón latir. Pero es que en el espacio no se oye nada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario